miércoles, 2 de noviembre de 2011

Y er Bandera cogio la brocha


Un hecho extraordinario ocurrió el otro día en er Barrio de nuestras entretelas. El inefable Juan Bandera,famoso en España entera, protegedor del patrimonio hispalense hasta los tuétanos vió como la Cruz de San Julián, nuestro símbolo más emblemático junto con la Cruz del Campo, lucía pintarrajeada y ensuciada en su basamento. Y allí fue er Bandera, nuestro cívico convecino, con su brocha y su cubo, no iba ésta vez al Jueves a vender un incunable ni un armario que perteneciera a sus nobles antepasados Grandes de España, nuestro Juan inició su dar cera pulir cera particular y dejó blanqueado tan significativo monumento sanjulianero. Se comenta que Zoido le va a entregar el día de San Fernando, patrón de la Ciudad, un juego de brochas y 25 litros de pinturas de eurotex Mairena para que limpie todos los símbolos de la ciudad, desde San Hermenegildo a Torreblanca.

Suerte Juan Bandera, una brocha de primera!!!

Suerte Juan Bandera, una brocha de primera!!!

sábado, 30 de abril de 2011

18 de junio de 1964: Sí, quiero

Reproducimos aquí el magnífico artículo de Francisco Correal en Diario de Sevilla dedicado a nuestro vecino Juan con motivo de la presentación del disco "La Boda".


Querido y admirado compañero Juan Peña: Quiero felicitarte por el día de tu boda de todo corazón y desearte que seas muy feliz...". Desde la boda de Juan Peña El Lebrijano con la bailaora Charo Cortés en la iglesia de la Oliva de Lebrija habían transcurrido 45 años, pero fue tal la impresión que se llevó Enrique Morente al escuchar el testimonio sonoro de aquel enlance que, con remite en Granada, 10 de mayo de 2010 -siete meses antes de su muerte- se dirigió en esos términos al novio y amigo.

La boda es un trabajo discográfico atípico. Cantan los padrinos de los novios, que eran Antonio Mairena y Pastora Pavón, la Niña de los Peines. "Mándámelo, primo, que mi Estrella quiere oír cómo cantaba Pastora en directo", contaba ayer Juan Peña que le dijo Morente.

El gitano rubio, el hijo del Bernardo y María La Perrata -que también aparece al final del disco- se casó el 18 de junio de 1964. Tres días después, el gol de Marcelino a Yashin le daba a España la Eurocopa frente a la Unión Soviética. Ese año Juan Peña había ganado el concurso de Mairena.

Como Cristo ante los doctores, el cantaor de Lebrija se dirigió ayer a los rectores en la presentación de este disco en la Fundación Cruzcampo. Vinieron dos madrinas muy especiales, Soledad y Estrella Morente, las hijas del cantaor evocado por todos los presentes. Juan Manuel Suárez Japón, rector de la Universidad Internacional de Andalucía, recordó que la primera vez que coincidió con Morente fue en Doñana, "cerca de otros flamencos", en un encuentro de escritores reunidos por la Fundación Odón Betanzos, un andaluz de Rociana que era miembro de la Academia de la Lengua de Estados Unidos.

Rafael Iglesias, ex rector de la Universidad de Sevilla, celebró que este disco sea el séptimo volumen que ve la luz en la colección Flamenco y Universidad. El milagro fue posible por un modesto artilugio que llevaba Romualdo Molina. "Lo recuerdo perfectamente", dice José María Mellado, histórico de la tienda Damas. "Romualdo vivía en Sierpes, y me dijo con cara de no haber dormido: venimos de la boda de Juan, mira lo que traigo". Y traía este tesoro ahora recuperado con 22 temas repartidos entre el novio, sus padrinos y una aparición fugaz y estelar de Pepe Pinto, el marido de Pastora, por aires de levante.

Julio Cuesta, director de la Fundación Cruzcampo, recordó la creación hace un cuarto de siglo del Compás del Cante, un galardón que consiguieron Morente, Lebrijano y Matilde Coral, que asistió al acto. Lo abrió la directora de la Agencia Andaluza de Flamenco, María Ángeles Carrasco.

Se dieron cita numerosos críticos flamencos: Manuel Bohórquez, Manuel Curao, Alberto García Reyes, Antonio Ortega, Fernando Sánchez Caballos o Paco Sánchez, que recordó una actuación de Lebrijano, Camarón y Bernarda y Fernanda de Utrera en lo que fue Chapina. La novia ya murió; el cura que los casó se salió de la iglesia. Queda la impronta sonora de aquel sí quiero por bulerías. "De luna de miel nos fuimos a Sevilla, a un hostal", decía El Lebrijano, que agradeció la presencia en la noche mágica de su sobrino Pedro María Peña Dorantes y de un sobrino de Mairena.

Se han tirado 2.700 ejemplares de este documento excepcional, coetáneo del gol de Marcelino y tan certero. Mil se regalarán. Regalos de boda. De la producción se encargó José Ramón Martínez, representante artístico del Lebrijano. "Tengo su acento, porque me crié en su casa". El novio se convirtió en estrella del cante y de la vida, padre de dos hijos; Juan José, abogado, y Ana María, representante artística.

"Primo, ¿cuál es la fórmula para cantar así?", cuenta que le preguntó Morente al recibir el material. "Si yo lo supiera, habría inventado la penicilina". Recordó al amigo, cuando la palabra amistad tenía cabida en la selva, "no había esta competencia brutal, a veces desmoralizada".


Lebrijano se volvió a casar casi medio siglo después. "Los gitanos pensamos que no hay nada más gitano que el tiempo", escribe en los textos que acompañaban al cedé Diego Fernández Jiménez, director del instituto de Cultura Gitana. El disco se abre con Lebrijano llamando a la fiesta y después de un penúltimo diamante con el maestro Mairena, Que de Hungría vine ayer, se cierra al amanecer del día con el cante de La Perrata, la madre del novio. Suárez Japón recordó a La Perrata en Sanlúcar, cantiñeando en un festival que Toto Barbadillo organizó en sus bodegas para amenizar la velada de los participantes en un seminario sobre el Romancero.

El novio cantaba los dichos y decía los cantes. "No se entiende una boda gitana sin los cantes". Nadie se la quiso perder. En un punto kilométrico de la carretera de Lebrija a Trebujena, la ruta cinematográfica que trocharon Benito Zambrano y Steven Spielberg. En su gran boda lebrijana hay varios oscar del Hollywood del duende y el pellizco. La Niña de los Peines tenía 74 años. Murió cinco después. Pero a tiempo de que Estrella Morente se emocionara. Ayer quiso agradecerlo. Acudió con su esposo, el torero Javier Conde. También estuvo con algunos compatriotas la japonesa Yoko Komatsubara. En el flamenco, como en Japón, todavía quedan emperadores.

DOMINGO DE RAMOS 2011 (6)














martes, 26 de abril de 2011

Con la Hiniesta en su laberinto

Reproducimos aquí el maravilloso artículo de Luis Carlos Peris, el pasado Domingo de Ramos en Diario de Sevilla.

El caserío de lo que fue Sevilla la Roja confoma un itinerario por el que brilla la cofradía en un intimismo multitudinario lEse embrollo de callejas arranca en el convento de Santa Isabel, que fue antes el hospital donde se fundó esta hermandad.

SE alza el telón de la gran celebración, de la mayor ópera urbana que se representa en el orbe y la inmensa mayoría se centra en un viaje desde el Puente a la Alameda, desde Triana al corazón de la Sevilla de siempre, pero en esta serie de Rincones con Encanto conviene ir descubriendo enclaves que sólo conocen los iniciados, mayormente los muy iniciados. Y arranca el serial con una visión como de otro tiempo, con esa especie de slalom de la cofradía de la Hiniesta por los callejones que la conducen a casa después de nueve o diez horas por las calles de la ciudad.

El periplo tiene su comienzo cuando la Hiniesta acaba de dejar la multitudinaria intimidad bajo los naranjos de Doña María Coronel y emboca San Marcos para virar a Vergara y meterse en ese laberinto que empieza con el convento de Santa Isabel. Convento fundado por Isabel de León poco antes del Descubrimiento de América y que es habitado por religiosas filipenses. Este convento tiene un retablo fantástico obra de Juan de Mesa, así como un crucificado también salido de la gubia del genial imaginero cordobés.

Y superada la trasera del edificio conventual ahí empiezan las dificultades. Ya es Hiniesta para lo que guste mandar, una especie de prueba del nueve para capataces y también para unos costaleros que no siempre pisarán donde esperaban o lo que esperaban. Entramos en el corazón de lo que se dio en llamar Sevilla la Roja, el cogollo obrero donde intentaron sin éxito ocultarse los que no comulgaban con la insurrección militar del 18 de julio de 1936. Una Sevilla la Roja que ya nada tiene que ver, pues su caserío se renovó o se rehabilitó hasta hacerlo muy diferente.

Ese enclave era conocido como Callejas de Rascaviejas hasta que en 1845 fue bautizado como Hiniesta. Veinte años después, uno de sus ramales fue denominado Lira; este ramal arranca de un ensanche a mitad de recorrido y que fue lo que le dio el nombre de Rascaviejas, plaza de Rascaviejas. Y en este ensanche es cuando la cofradía de la Hiniesta ha de abandonar para buscar por Lira, Juzgado, Moravia y San Julián. No hubiera sido posible continuar por la estrechez de la calle que tomó el nombre del hospital cercano que, posteriormente, le daría el nombre a la Virgen de la Hiniesta, una obra cumbre de Antonio Castillo Lastrucci.

Castillo, primero en la calle Quesos, hoy Antonio Susillo, y después en su gran taller de San Vicente, fue el encargado de restituirle a la hermandad de San Julián las imágenes que la barbarie de los años treinta le había quitado mediante los incendios intencionados de su iglesia. Puede decirse que Antonio Castillo Lastrucci fue el hombre que más hizo por reponer aquella imaginería de nuestra Semana Santa que se llevó por delante el tiempo prebélico de los treinta. Y se da el caso de que hasta hace poco fue hermano mayor de esta cofradía uno de los nietos de Castillo, el hoy presidente del Consejo de Cofradías, Adolfo Arenas y Castillo por su madre.

Pero yendo a este rincón con tanto encanto, con tanto intimismo, con tanta sevillanía, hay que incidir en que el discurrir de esta cofradía por este laberinto roza lo milagroso y entra de lleno en lo inverosímil. Y es que la gente no cabe ya desde San Marcos hasta Lira, pero es que por Lira caben sólo los pasos y el cortejo blanquiazul que va, sin prisas y desafiando obligadamente las urgencias que aconseja la norma, para encontrar esa tierra prometida que se le aparece cuando llega a Juzgado.

¿Qué hora será por entonces? Sí se sabe a qué hora embocará Vergara la Cruz de Guía, pero ni idea de qué dirá el reloj de San Julián cuando el palio de la Hiniesta supere el dintel de su casa. El tiempo se habrá parado por ese dédalo urbano, que no es sólo una sino varias las callejas que conforman la collación del Horno de Rascaviejas. González de León destaca que en el Siglo XIX existía un considerable número de casas rodeadas de hermosos jardines y Gómez Zarzuela afirma que en uno de esos jardines parió Francisco de Rioja sus inimitables silvas.

En ese ensanche de mitad de la calle se ha efectuado una rehabilitación del caserío muy respetuosa con lo que eran esas casitas de Sevilla la Roja. Escaleras de caracol, patios recoletos, azotea como tercera planta, todo muy en consonancia con lo que era, sobre todo las de su acera izquierda, que serán las últimas casas de Hiniesta que puedan ver a la Hiniesta por razones obvias de limitación del espacio. Puede afirmarse que quien no ha visto a la Hiniesta por Hiniesta no sabe lo que se ha perdido, pero está a tiempo y esta noche es el momento.

DOMINGO DE RAMOS 2011 (5)







DOMINGO DE RAMOS 2011 (4)













DOMINGO DE RAMOS 2011 (3)